La ciencia necesita a las mujeres

La proporción de mujeres en el conjunto del personal investigador en España se mantiene desde 2009. ¿Cómo acabar con la brecha de género en la ciencia?

«Un país sin investigación es un país sin desarrollo». La científica más respetada y reconocida de nuestro país, Margarita Salas, era así de contundente al hablar de la ciencia, de la que también decía que, en España, se hacen milagros con la poca financiación que recibe. La investigadora falleció un 7 de noviembre –casualmente, la misma fecha en la que, 152 años antes, nacía Marie Curie–, pero durante su vida iluminó a cientos de niñas que soñaron (y sueñan) que las ciencias dejen de ser consideradas como un terreno exclusivo para los hombres.

Precisamente para eso, para reivindicar el papel esencial que ocupan las mujeres en el sector, cada 11 de febrero desde hace cinco años se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Con él, Naciones Unidas intenta impulsar un crecimiento sostenible e inclusivo en materia de investigación científica. La directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, nos recuerda que, para conseguirlo, «en la línea del llamamiento de Greta Thunberg, hay jóvenes científicas que ya están tomando la iniciativa en la lucha contra el cambio climático, como la adolescente sudafricana Kiara Nirghin, cuyas invenciones contribuyen a minimizar el impacto de las sequías».

El trabajo de investigación llama la atención de cada vez más jóvenes en todo el mundo, pero aún queda mucho por hacer. Según el último informe Científicas en cifras, elaborado en 2018 por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, «la proporción de mujeres en el conjunto del personal investigador –en equivalencia a jornada completa– en España (39%) se mantiene estable desde 2009. Si bien ha mejorado ligeramente en los sectores de Administración Pública (48%) y Universidades (43%) dentro del equilibrio de género, sigue siendo muy baja entre el personal investigador del sector empresarial (31%)». El estudio pone de relieve que el techo de cristal que se mantiene en investigación, puesto que España «no sube del 21% de mujeres en las cátedras de universidad o del 25% entre el profesorado de investigación; y que todavía encontramos brechas de género en el acceso a las ayudas a recursos humanos y proyectos de I+D+i que se financian en el marco del Plan Estatal, especialmente notables en el caso de las ayudas a proyectos». Las cifras son claras: de los casi 1,4 millones de ingenieros y científicos de nuestro país, el 52,3% (729.000) son hombres y el 47,7% (665.600), mujeres. A pesar de estas cifras, España se sitúa por encima de la media de la Unión Europea, donde las mujeres representan un 41% de los puestos en un sector ampliamente dominado por los hombres.

La igualdad real solo podrá alcanzarse si las mujeres pueden acceder, sin discriminación, a la ciencia en todos sus aspectos: desde la educación básica hasta puestos de investigación. Para intentar mejorar la situación de las científicas en nuestro país, el Gobierno creó a principios de 2019 el Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación (OMCI) para la igualdad de género en el sistema español de ciencia, tecnología e innovación. Este órgano es responsable de analizar la situación de las mujeres en el sector científico, además de fomentar las políticas públicas y las actuaciones de igualdad de género. Según el propio organismo, «se pretende así lograr igualdad real y efectiva en la participación de las mujeres en todos los niveles y ámbitos de la ciencia, la tecnología y la innovación, así como la integración adecuada del análisis de género en el contenido de las políticas, programas y proyectos de I+D+i».

Fátima de Madrid, Andrea Casamayor y de la Coma, Elvira Moragas Cantero, Blanca y Clotilde Catalán de Ocón, Jimena Fernández de la Vega Lombán, Ángeles Alvariño González, Ángela Ruiz Robles, Jenara Vicenta, Arnal Yarza… Son solo algunos de los nombres más relevantes de la ciencia española y que la historia ha olvidado. Como ellas, miles de mujeres han luchado –y luchan– a diario por hacerse un hueco en ese mundo en el que el techo de cristal es difícil de romper… pero que ya presenta algunas grietas por las que se filtra la luz de la igualdad.

Por Raquel Nogueira

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