Cuando el papel higiénico deja de serlo

En España, se calcula que el exceso de consumo de papel higiénico supone la tala innecesaria de 16.000 árboles al año.

Miniatura

Los chinos diseñaron en el siglo II a. C. un papel expreso para el aseo íntimo, de proporciones generosas (medio metro de ancho por noventa centímetros de alto). Los griegos utilizaban pedazos de arcilla y los romanos una esponja unida a un palo que se aclaraba con agua y sal. Desde entonces, hojas de lechuga, musgo, bloques de nieve, telas –encaje y sedas incluidas, para la realeza francesa- han servido para mantener aseadas nuestras partes más pudendas. No fue hasta 1857 cuando el estadounidense Joseph C. Gayetti comercializó por vez primera el papel higiénico, y más tarde los hermanos Scott, también norteamericanos, idearon el papel enrollado del que nos servimos hoy en día para uso íntimo o no tanto –por ejemplo, durante la Operación Tormenta del Desierto de la Guerra del Golfo, en 1991, los tanques americanos se camuflaron con papel higiénico para que el verde original de su blindaje resultara menos llamativo en la arena–.

Pero, pese a su nombre, el papel higiénico no lo es tanto. Según datos de la organización dedicada al estudio del medio ambiente Worldwatch Institute, se necesitan 27.000 árboles para producir la cantidad de papel higiénico que se gasta a diario en el mundo. Con los rollos consumidos, cada dos minutos podríamos cubrir la superficie del planeta.

Luchar contra el desperdicio de papel higiénico, cuestión de sostenibilidad

El material del que se fabrica proviene de fibra virgen, extraída por lo general de explotaciones de eucaliptos y pinos de países como Estados Unidos, Brasil, Suecia y Canadá. Los rollos de papel higiénico reciclado apenas representan el 0,5% de la producción total, según cifras de Colhogar, debido a que no se consigue la suavidad que ofrece la pasta virgen. A este impacto hay que añadir el consumo energético que suponen los procesos de fabricación, distribución o embalaje, y el hecho de que, aunque el papel higiénico se disuelve en el agua y no se desintegra, no se puede reciclar.

A pesar de que, tal y como asegura la industria papelera (Aspapel), cada español consume al año unos 157 kilos de papel y cartón de todo tipo –19 menos que la media europea–, gastamos 16 kilos de papel higiénico por persona, dos más que el promedio de nuestros vecinos. Los últimos estudios de Renova exponen que cada español trabaja unos 42 minutos al año para pagar su consumo de papel higiénico (que, en cifras totales, es algo más de diez euros por habitante): solamente en España, en 2015 gastamos 488 millones de euros en este producto. 

En un país desarrollado, de media cada persona emplea cuarenta rollos anuales, y se calcula que el 20% de esa cifra se desperdicia. Es decir, por cada 140 personas aproximadamente se derrocha una tonelada de papel al año o, lo que es lo mismo, alrededor de cincuenta árboles. En una población como la española, el exceso de consumo de papel higiénico supone la tala innecesaria de 16.000 de árboles al año, una cifra para reflexionar antes de tirar del rollo. 

Por Esther Peñas