Estrés, el mal del siglo XXI

Hablamos de él con cierta frivolidad, pero la Organización Mundial de la Salud ya lo ha catalogado como uno de los “trastornos del siglo XXI”. El ritmo vertiginoso al que vivimos, la precariedad laboral, la disponibilidad 24 horas a la que nos somete el smartphone o la falta de sueño son algunos de los detonantes del estrés.

Miniatura

Mi jefe. El tráfico. La lista de e-mails pendientes de responder. La hipoteca. No llegar a tiempo al colegio para recoger a los niños. Ni al súper. Ni a clase de inglés. Son algunas de las razones que acompañan a esa expresión siempre a punto en nuestra boca para ser escupida: “¡Qué estrés!”. Recurrimos a ella con demasiada frecuencia, dicen unos. O quizá con demasiado poca, aseguran otros, entre ellos, la Organización Mundial de la Salud, que ha catalogado al estrés como uno de los “trastornos del siglo XXI”. No es para menos, si tenemos en cuenta que, junto con la ansiedad y las depresiones, estos tres males suponen el 12% del total de enfermedades.

  1. Los inicios del estrés en nuestra sociedad
  2. Radiografía del estrés
  3. Niños al borde de un ataque de nervios
  4. ¡Stop estrés!

Los inicios del estrés en nuestra sociedad

Fue 40 años antes, sin embargo, en la década de 1930, cuando se oyó hablar por primera vez del estrés. Hans Selye, un joven vienés estudiante de Medicina en la Universidad de Praga, observó que muchos pacientes presentaban síntomas comunes: cansancio, pérdida de apetito, dolores de cabeza o problemas para dormir. A este conjunto de padecimientos le llamó “síndrome de estar enfermo”.

Selye planteó el estrés como la respuesta inespecífica a cualquier demanda a la que sea sometido el cuerpo. Desde una jornada laboral intensiva hasta un simple beso, ambos pueden causar tal padecimiento. Para 1950, había publicado la que sería su investigación más famosa: Estrés. Un estudio sobre la ansiedad.

Radiografía del estrés

El estrés es, pues, una respuesta natural para la supervivencia con (no siempre) ásperas consecuencias. “Aunque el estrés puede resultar adaptativo al subir los niveles de activación y empujarnos a dar más de nosotros mismos en un momento determinado, mantener este estado de agitación durante un tiempo prolongado termina por pasar factura, disminuyendo el rendimiento, la motivación y los recursos personales, como la concentración”, afirma la psicóloga Irene López. La OMS calcula que el 25% de los pacientes examinados por el médico de cabecera presentan síntomas de ansiedad y que, a lo largo de la vida, el 15% de la población desarrolla alguno de los trastornos relacionados con esta dolencia. Solo en España existen 6 millones de personas con depresión y las consultas por ansiedad y estrés han ido en aumento. Otro dato: en nuestro país, el consumo de antidepresivos se ha triplicado en los últimos diez años.

“Así vivimos. La sociedad actual nos convierte en engranajes, máquinas productivas que anhelan continuamente hacer algo, incluso en su tiempo libre. Lo llamamos aprovechar el tiempo. Hacer y hacer, lo único que provoca es que el tiempo pase a una velocidad tremenda y que no saboreemos la auténtica densidad de la vida. Ya lo decía Pascal: el mayor problema del hombre es la incapacidad de estar solo consigo mismo”, escribía el filósofo Antonio Fornés en La Vanguardia.

Niños al borde de un ataque de nervios

Pues sí, la sombra del estrés es alargada. Se cuela en los hogares y en las aulas. Ya lo advirtió la OCDE y ahora la OMS lo corrobora: el 51% de los niños españoles se siente agobiado por los deberes para casa.Los niños son esponjas, también para percibir el estrés de su entorno”, advierte López. “Además, muchas veces los adultos aumentan ese estrés marcándoles metas que no son acordes a su edad, apuntándoles a demasiadas actividades extraescolares, y obsesionándose con los deberes. Sobre todo a edades más tempranas, el juego es primordial para su desarrollo. Un niño no aprende más estando atado a una mesa. Todo debe ser en su justa medida. El exceso de deberes y actividades, muchas veces acordes a los gustos de los padres y no del niño, puede tener un efecto contrario y que el niño muestre rechazo por el colegio, la lectura, el deporte, etc.”.

La incidencia de los deberes sobre la salud aumenta a medida que los alumnos crecen, informa la OMS en su última encuesta realizada a jóvenes en edad escolar, en la que han participado algo más de 11.000 estudiantes españoles. A los 11 años, un 34% de los niños y un 25% de las niñas afirman sentirse presionados por los deberes. A los 13, las chicas (un 55%) adelantan a sus compañeros masculinos (un 53%) cuando se les pregunta si las tareas escolares les provocan estrés. A los 15 años, cuando ya están terminando la educación obligatoria, un 70% de las chicas dicen sentirse angustiadas por los deberes frente al 60% de los chicos. Lo que coloca a los españoles, que según la OCDE dedican una media semanal de seis horas y media a hacer trabajos escolares fuera del horario del colegio, como los cuartos más estresados de Europa (por detrás de malteses, escoceses e islandeses).

¡Stop estrés!

Nuestro ritmo de vida no concede la pausa. Que miremos, de media, cien veces al día nuestros móviles, según coinciden distintos estudios, es un claro ejemplo de que vivimos dejándonos llevar por la inercia de la prisa. Y eso pasa factura a la salud. Física y mental.

“Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos”, asegura Carl Honoré, autor de Elogio de la lentitud (RBA) y uno de los padres de la filosofía slow. “Al principio era solo el terreno laboral, pero ahora el estrés ha contaminado todas las esferas de nuestras vidas, como si fuera un virus: nuestra forma de comer, de educar a los hijos, las relaciones, el sexo… Hasta aceleramos el ocio”.

Etiquetas: Salud