Cristina Cuesta: «Es necesario abandonar el modelo de residencias despersonalizadas, con habitaciones compartidas y espacios comunes masificados»

Cristina Cuesta Lerín, fundadora y CEO de Cohousing Spain, defiende la necesidad de apostar por nuevas formas de alojamiento que fomenten el envejecimiento activo.

residencia mayores

Desde el inicio de la pandemia, las residencias de mayores se convirtieron en uno de los principales focos de muertes por COVID. Esta crisis ha evidenciado de manera dramática las carencias del sector y obliga a repensar el modelo de residencias. Cristina Cuesta Lerín, fundadora y CEO de Cohousing Spain, defiende la necesidad de apostar por nuevas formas de alojamiento y convivencia que pongan en el centro a las personas y que fomenten un envejecimiento más activo, más colaborativo, más seguro y, en definitiva, más humano.

Las residencias de mayores han sido las grandes golpeadas por la pandemia. ¿Cómo deberán cambiar en un futuro cercano para acoger a la generación del 'baby boom', que comienza a jubilarse?

Las nuevas generaciones quieren decidir dónde, cómo y con quién vivir, y tener un proyecto de vida más allá de la jubilación. No quieren ser una carga para sus familias, padecer soledad ni ser institucionalizadas. Son personas preparadas, más activas, más conscientes y más exigentes. Por otro lado, la realidad de las residencias hoy en día es que ya no están atendiendo a personas autónomas, sino que la gran mayoría de sus residentes son personas de avanzada edad con pluripatología. Las familias o los servicios sociales acuden a ellas cuando se da una situación de no poder abordar las necesidades de la persona en el hogar. Las residencias deben resultar atractivas como lugar para vivir, aunque en ellas se reciban cuidados profesionales. Por tanto, deben enfocarse como un entorno familiar, hogareño, agradable, confortable, que dé confianza y que garantice la seguridad y el bienestar, a la vez que fomente el desarrollo de actividades con sentido para las personas habitantes, esto es, que tengan que ver con sus gustos y las costumbres de sus vidas. La atención y el cuidado deben ser personalizados, y las personas residentes, las protagonistas. La participación de las personas convivientes, además de la apertura a la interacción con la familia, las amistades y el entorno cercano, es fundamental para su bienestar y su felicidad. Por ello es necesario abandonar los modelos de centros despersonalizados, con habitaciones compartidas y espacios comunes masificados y dirigirse hacia unidades de convivencia pequeñas, donde las personas tengan su propio apartamento o habitación individual, compartan espacios y servicios comunes con sus vecinas y participen activamente en la vida comunitaria mediante distintas actividades y mediante el ocio. Y donde el personal profesional sea conocido, como si fuese de la familia. Eso es lo recomendable. Hacen falta recursos, evidentemente, pero también creatividad y ganas de hacerlo.

¿La repriorización de la seguridad puede derivar en un retorno al modelo institucional hospitalario?

Es un riesgo que todos los profesionales del sector tememos. Se debe garantizar la seguridad y el derecho a la atención sanitaria sin mermar la calidad de vida ni atentar contra los derechos de las personas. Los hospitales no son lugares para vivir, las residencias sí. No pueden convertirse en un hospital.

Atención en el domicilio hasta el final y centros que emulan el hogar son el modelo de residencias que más señalan los expertos. ¿Qué papel juega el cohousing?

El cohousing es un modelo de convivencia donde las personas viven en una comunidad de afines, con objetivos y prioridades comunes, disfrutan de sus viviendas privadas perfectamente equipadas con lo necesario, así como de los espacios comunes y del entorno cercano abriéndose a su comunidad y al vecindario. El diseño y las actividades están orientados al encuentro humano, al tiempo que también facilitan la intimidad y la autonomía. Las personas participan activamente en el diseño del edificio y de la vida comunitaria, en las actividades y en la gestión mediante procesos participativos y democráticos. Los cohousing con carácter finalista, es decir, diseñados para vivir allí hasta el final de la vida, contemplan y deben prever cómo se desarrollarán los cuidados en la comunidad, ya que las personas que optan por este modelo lo hacen para evitar ser institucionalizados si llega una dependencia, además de evitar la soledad o sobrecargar a sus seres queridos.

¿Cuál es su potencial en España? 

El potencial es enorme, ya que en Cohousing Spain estamos viendo un crecimiento exponencial del interés en el último año, de más del 900%, y especialmente después del horror de las muertes y confinamiento derivados de la pandemia. Este interés no solo crece en personas mayores, sino también en personas jóvenes y familias, especialmente residiendo en ciudades. Actualmente tenemos identificadas más de 230 iniciativas en nuestra base de datos, y estamos seguros de que hay más, porque nos contactan muchas personas interesadas en unirse a un grupo o llevar adelante un proyecto para que les ayudemos, y también nos llegan noticias de forma continuada sobre nuevos grupos en formación por todo el territorio nacional. Es un modelo que ha venido para quedarse. 

Este modelo requiere, por un lado, un enorme cambio cultural, y por otro, apoyo por parte de las administraciones. ¿Qué puede aprender la sociedad en general de este modelo de convivencia y de la importancia del co-cuidado?

La sociedad ha de entender que la vejez es parte de la vida, y que tiene muchísimo que aportar a la sociedad. Nos perdemos muchas cosas infravalorando a las personas maduras a causa del ensalzamiento de la juventud como valor predominante que ha desarrollado la sociedad de consumo. Se han perdido muchos valores y también el respeto. Esto es un gravísimo error que no nos podemos permitir. Hemos de desterrar el edadismo y dar a las personas el valor que merecen, especialmente a las personas con más experiencia de vida, que están deseando compartir, hacer cosas y aportar lo que saben. El cohousing, y concretamente el cohousing senior, contribuye mucho a derribar estereotipos y creencias en este aspecto, porque pone de manifiesto que las personas que lo llevan a cabo no son cuatro locos, sino que son comunidades de personas con muchísimo talento, ganas, capacidad y enorme resiliencia, que están consiguiendo algo muy grande con sus propios medios. Estas personas están tratando de solucionarse por sí mismas su vejez, y esto es un ejemplo de enorme responsabilidad que tiene un retorno muy positivo para la sociedad. Eso sin contar que es un modelo que trae además enormes beneficios en muchísimos aspectos y a nivel multidimensional. A nivel personal, por ejemplo, una convivencia basada en valores, donde el bien comunitario trasciende al egoísmo y al interés individualista, y donde tus vecinos serán tu familia, va a propiciar el crecimiento personal y muchas ganas de aprender para superar las dificultades, además de desplegar la generosidad, el cariño, el respeto y la amistad, enriquecer las relaciones humanas y mantener a las personas activas a través de las actividades y el aprovechamiento de los talentos internos. Es un modelo que fomenta la apertura y la integración social con otro tipo de personas y que también busca la intergeneracionalidad. Todos estos aspectos son ingredientes de éxito para una vida activa y de calidad.

¿Cómo puede impulsarse desde los Gobiernos nacionales y regionales?

En primer lugar, debe existir convencimiento de la bondad del modelo, voluntad política y cambio de mentalidad en las Instituciones para romper barreras y salirse de la caja. En segundo lugar, es necesario conocer bien el modelo y las posibilidades que ofrece, para posteriormente trabajar estrategias y desplegar actuaciones en función de las necesidades y prioridades de los diferentes grupos de población y en cada territorio. Es un modelo que permite desplegar gran variedad de fórmulas para abordar diferentes desafíos, intereses sociales y en diferentes tipos de ubicaciones.

Por ETHIC

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