¿Falta de sueño? Esto es lo que provoca en tu salud

Cuatro millones de españoles sufren algún trastorno crónico relacionado con la falta de sueño, aunque menos de un tercio acude al especialista.

efectos falta de sueño

El griego Sófocles decía que «el sueño es la única medicina efectiva» allá por el siglo V a.C. y, todavía hoy, su frase sigue siendo cierta: dormir poco nos afecta mucho más de lo que pensamos. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre un 20 y un 48% de la población adulta y hasta el 25% de la infantil padece –o lo hará– algún trastorno del sueño a lo largo de su vida. 

La falta de sueño puede derivar en trastornos neurológicos

Como sucede con los trastornos alimenticios, los malos hábitos del sueño repercuten en la salud y pueden generar complicaciones endocrinas, metabólicas, psicológicas, inmunológicas, psicomotoras e incluso neurológicas y neuromusculares. «Cada vez más se considera el mal sueño como un desencadenante o riesgo para determinados trastornos neurológicos, como ictus, párkinson o alzhéimer. No dormir adecuadamente es un problema de salud», señaló Carles Gaig Ventura, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia de la SEN con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra cada 15 de marzo.

Las causas de estos trastornos a la hora de dormir varían según el sujeto, desde las frecuentes situaciones de estrés –los eternos problemas familiares, laborales o de pareja– hasta los descuidos en la alimentación o la falta de ejercicio físico. También es diferente en cada persona la cantidad de horas que necesita dormir, algo que también depende de la edad: mientras los bebés duermen entre 14 y 17 horas, ese número se va reduciendo hasta las nueve o diez horas en la adolescencia–, la Organización Mundial de la Salud recomienda que, como mínimo, un adulto debería dormir siete horas diarias. Algo que no suele cumplirse: según el propio organismo, los problemas del sueño han alcanzado el grado de «epidemia mundial». 

Cómo dormir mejor

Entre este tipo de trastornos, los problemas más habituales son el insomnio (20-30%), seguido del síndrome de las piernas inquietas (5%) y del síndrome de apneas-hipopneas del sueño (4-5%). Sin embargo, estos síntomas se tienden a normalizar y a aceptar, siendo menos de un tercio de la población afectada los que deciden acudir a un especialista. El problema es que, para cuatro millones de españoles según la SEN, esta situación se convierte en crónica. 

Sin embargo, antes de que eso suceda, existen formas de paliar esta situación: el sueño también se educa, y se pueden poner en práctica una serie de medidas para mejorarlo. La Sociedad Española del Sueño (SES) difundió, también en la pasada celebración del Día Mundial del Sueño, un decálogo de buenas prácticas, entre las que destacan la regularización de los horarios y evitar comidas pesadas, alcohol, cafeína o chocolate al menos seis horas antes de acostarse. Además, la organización también recomienda ventilar la habitación y eliminar ruidos en ella, evitar ejercicio antes de acostarse y reservar el dormitorio solo para dormir. «Hay que evitar todo lo que sea nocivo para el sueño, y el uso de las pantallas electrónicas también lo es», recuerda Milagros Merino, experta del Comité Científico de la SES. Y es que esos últimos minutos despiertos –que a veces se convierten en horas– enganchados al smartphone o a la tablet también influyen en los problemas para conciliar el sueño. 

Cambiar los móviles por los libros o la meditación, hacer deporte por la mañana, comer más sano y establecer rutinas saludables son algunos de los pequeños pasos para empezar a dormir mejor. Conseguirlo tiene recompensa: incrementa la creatividad, mejora la memoria, protege el corazón y además ayuda a ser emocionalmente más positivos y fuertes.   

Por María Milán

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