Los falsos mitos de la alimentación más populares

Los mitos de la alimentación están a la orden del día: ¿Tengo que evitar tomar fruta con las comidas? ¿Y beber agua? ¿El huevo perjudica al funcionamiento del corazón? Las decisiones que tomamos a la hora de sentarnos a la mesa están basadas en nuestros conocimientos: desmontamos algunas de las fake news más habituales acerca de la alimentación.

mitos de la alimentación

El bocio o la pelagra son enfermedades de las que las generaciones más jóvenes en España apenas han oído hablar. Sin embargo, nuestros mayores están bastante familiarizados con ellas, especialmente si se criaron en comunidades empobrecidas donde comer de manera equilibrada era algo reservado a los más privilegiados. Ahora, el yodo o las vitaminas son, en la mayoría de los casos, una parte muy presente en la dieta y un ingrediente esencial de la cocina mediterránea. Aunque cada vez nos preocupamos más por lo que comemos, alrededor de todo hábito alimenticio saludable surgen informaciones engañosas y fake news que distorsionan nuestra visión de qué es o no bueno para nuestro organismo, generando muchos de los falsos mitos de la alimentación que conocemos.

Mitos de la alimentación: ¿verdadero o falso?

No solamente hablamos de bulos de nueva creación: hay falsos mitos que se han ido heredando de padres a hijos. ¿Cuántas veces has escuchado una frase parecida al «hoy no puedes cenar tortilla que ya has comido dos huevos esta semana»? En este caso, no sabemos si fue antes el huevo o la gallina, pero la cultura gastronómica popular ha transmitido durante décadas esa creencia sobre uno de los alimentos más nutritivos que tenemos, que aporta proteínas, vitaminas A y B y hierro de fácil absorción. Además, su tan estigmatizada yema contiene carotenoides, un elemento esencial para cuidar nuestra vista. J.M. Mulet, doctor en bioquímica y biología molecular, desmitifica algunas historias que rodean a alimentos como el huevo en su libro Qué es comer sano: Las dudas, mitos y engaños más extendidos sobre la alimentación (Ediciones Destino), ya que la evidencia científica es contundente: se pueden comer hasta 3 huevos semanales o incluso más, si no se dispone de ninguna patología relacionada con el colesterol.

Otras de las grandes –y falsas– creencias relacionadas con nuestros hábitos alimenticios tiene como protagonista al agua, incuestionable fuente de vida. Contrario a lo que casi todos hemos podido escuchar alguna vez, beberla durante las comidas no nos va a hacer engordar, en todo caso, nos aportará una falsa sensación de saciedad, pero su aporte calórico siempre será nulo. Algo similar ocurre con la fruta que, supuestamente, hemos de tomar antes de las comidas y no de postre… Aunque no hay estudios que lo corroboren: la fruta es un alimento esencial que debe formar parte de nuestro día a día, sin importar el momento en el que se ingiera. Eso sí, gracias a su gran efecto saciante, si se toma antes de comer, tendremos menos sensación de hambre cuando nos sentemos ante el plato.

También en relación con las frutas, los expertos insisten en desmontar la obsesión creciente con los zumos y batidos detox que, en realidad, no aportan nada más ni nada menos que los nutrientes de las frutas y verduras con las que se hayan preparado. Además, la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid pone fin a la leyenda sobre el poder adelgazante del pomelo y el limón en ayunas. Como desmienten, ningún alimento, en sí mismo, tiene esa capacidad: la grasa no se quema ni se disuelve sola, de ahí la importancia de hacer ejercicio físico si se quiere conseguir ese resultado.

Otro de los falsos mitos de la alimentación derribado es el que rodea a todos aquellos vendidos bajo la etiqueta light que, en muchas ocasiones, ni son más sanos ni dejan de engordar, simplemente tienen un 30% menos de calorías que su versión normal: por más que diga su etiqueta, la mayonesa sigue siendo mayonesa y la mermelada, mermelada. Lo mismo ocurre con la margarina: aunque sea de origen vegetal, la mantequilla siempre será una grasa más sana ya que la primera contiene grasas trans, más perjudiciales para la salud a largo plazo.

Los últimos años, con el auge de las bebidas vegetales para sustituir a la leche –como las de soja, almendras o arroz–, también se ha popularizado la creencia de que todos los adultos son intolerantes a la lactosa. Aunque es cierto que algunas personas, con la edad, pierden la capacidad de digerirla, no es ni mucho menos algo que le ocurra de forma generalizada a toda la población. Sin embargo, al dejar de tomarla con frecuencia, el cuerpo empieza a rechazarla y puede empezar a sentarnos mal.

Reducir los alimentos ultraprocesados, comer de temporada y leer muy bien el etiquetado de los productos son algunas de las claves para llevar una dieta más sana, más allá de bulos. Todos los nutrientes son imprescindibles y, ante la duda, es mejor fiarse de fuentes médicas contrastadas o consultar a un profesional para salir de dudas y no caer en las redes de las fake news ni en los mitos de la alimentación.

Por ETHIC

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