Malnutrición y obesidad en el laberinto alimentario de los jóvenes

Mal que nos pese, aun después de ciertas actuaciones divulgativas y del saludable interés de diversas entidades, hay que llamar la atención sobre la incorrecta nutrición de la infancia y la adolescencia: afecta casi tanto como la falta de alimentos.

obesidad infantil

La nutrición incorrecta durante la infancia y la adolescencia nos coloca en una situación crítica. Así lo muestra El Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición. Crecer bien en un mundo en transformación, publicado por Unicef en octubre de 2019 coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación. En este informe se dice que al menos 1 de cada 3 niños menores de cinco años –más de 200 millones cuando se tomaron los datos– está desnutrido o sufre sobrepeso. Es más, este problema –que se da también en gran medida en países de ingresos bajos y en familias con escasos recursos- está aumentando rápidamente en casi todos los países del mundo, sin signos de desaceleración. La repercusión de la mala alimentación se amplifica en un mundo en transformación, que todavía no había sufrido el impacto de la COVID-19. Denunciaba Unicef que casi una cuarta parte de todos los niños menores de 5 años tendrán retraso en su crecimiento. Las consecuencias del mermado desarrollo personal debido a la malnutrición serán de índole económica, social y médica, en algunos países ya tienen una dimensión endémica. Por todo el mundo, los niños y adolescentes que las padezcan acumularán dificultades que persistirán a lo largo de su vida; no solo para quienes las sufren ahora y después se incorporarán a la vida adulta, sino que repercutirán en sus familias, tendrán impacto en las comunidades cercanas y lastimarán el IDH (Índice de Desarrollo Humano) de los países, muy débil en muchos países de ingresos bajos y muy desigual en el conjunto del mundo. Tampoco los países de ingresos altos y medios altos están exentos de sus consecuencias.

Portada del informe El Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición. Crecer bien en un mundo en transformación. UNICEF, 2019.

 

 

Infografías del informe “El Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición. Crecer bien en un mundo en transformación” sobre cómo la triple carga de la malnutrición –la desnutrición, el hambre oculta y el sobrepeso– amenaza la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños, los jóvenes, las economías y las naciones.

A la vez que el informe antes citado, UNICEF Comité Español, en colaboración con la Gasol Foundation, dio a conocer Malnutrición, obesidad infantil y derechos de la infancia en España. Aquí, un 35 % de los niños de 8 a 16 años tiene exceso de peso debido a causas como la ingesta de una dieta inadecuada o hábitos no saludables, tales como no hacer ejercicio de forma habitual o pasar demasiado tiempo frente a pantallas, prácticas que cunden cada vez más. Por si esto un fuera suficiente, el informe demuestra que existe una fuerte relación entre obesidad y sobrepeso con la pobreza en los hogares. Para nuestro escarnio, España es uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con mayores tasas de sobrepeso y obesidad, ya que se sitúa en el puesto 10 de 41. Esto supone que 1 de cada 3 niños y adolescentes está en una situación de riesgo para su salud, puesto que el exceso de peso está estrechamente ligado a enfermedades como la diabetes o afecciones cardiovasculares y respiratorias. A la vista de estos datos, de las tendencias acumulativas que denuncian, cabría pedir una implicación política y social –ambos ámbitos parecen demasiado permisivos o despreocupados- para revertirlos antes de que sea demasiado tarde. La comida –asociada a malnutrición de adultos o niños-discurre por laberintos difíciles de controlar, casi nunca se habla de ella en el Congreso o en los parlamentos de las CC.AA.; al menos no tenemos noticias de que así sea. Los intentos de formación a la ciudadanía y a los consumidores no sirven frente al poder contrario de los generadores de tendencias que sostienen las grandes redes de la alimentación, cuyos integrantes no hace falta señalar pues son de todos conocidos; se comprueba fácilmente plantándose un rato delante de las emisiones televisivas. Todo esto va en sentido contrario del derecho humano que supone la correcta alimentación.

 

Portada del informe Malnutrición, obesidad infantil y derechos de la infancia en España. UNICEF España y Gasol Foundation (2019).

Pero la confusión alimentaria de nuestros jóvenes no acaba ahí. De un tiempo a esta parte se han multiplicado los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria), que se aprecian en particular en dos extremos pavorosos: anorexia y bulimia. Todavía nos impactan las imágenes de las modelos sometidas a servidumbres alimentarias por las grandes cadenas de moda. ¡Cuánto daño hicieron en nuestras niñas y jóvenes! No debe extrañarnos por tanto que unas 400.000 personas deban enfrentarse a estos problemas en España, no todas son tan jóvenes. Los últimos estudios realizados cifran la tasa de prevalencia de casos de TCA en población adolescente y joven femenina –de 12 a 21 años- en torno al 4,1 - 4,5 %, casi 1 de cada 20 mujeres. La anorexia se situaría en un 0,3 %, la bulimia en el 0,8 % y los no especificados alrededor del 3,1 %. Si se consideran las afecciones leves de TCA se podría aventurar que las padecen entre el 11 y el 16 %. Todo esto, al decir de las organizaciones o entidades que se preocupan del tema, ha crecido durante el periodo de confinamiento por el coronavirus. Es más, la comida es solo un síntoma o una muestra; hay más efectos que no se ven.

Así pues, el laberinto alimentario de los jóvenes en España es todo menos un entretiempo; debe constituir un escenario de trascendencia social al cual las familias afectadas no pueden hacer frente solas; menos todavía en estos momentos tan difíciles y lo que vendrán después. Necesitan que los poderes públicos miren a los más jóvenes; de otra forma se les escaparán. Una parte de la energía colectiva de reconstrucción tras la pandemia les pertenece.

Por Carmelo Marcén Albero. Investigador asociado al Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio y a la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza.

Comentarios


También te puede gustar...

Ahorro energético
Descubre el nuevo etiquetado energético europeo
Ecofuneral
El impacto negativo de un entierro tradicional en el medioambiente
think tanks
El negacionismo se cuela en los think tanks europeos