Lenguaje inclusivo, ¿cómo acercarse a él?

El lenguaje inclusivo es un tema cada vez más presente en la esfera de opinión pública. La aprobación de leyes de igualdad y el aumento de concienciación en materia de feminismo han puesto en tela de juicio el uso del lenguaje: ¿representa realmente la lengua la realidad de su tiempo?

La urgencia de abordar el debate sobre el lenguaje inclusivo se hace cada vez más patente con el avance de las políticas sociales y la participación activa de las mujeres en diferentes ámbitos. Esta discusión es una muestra de que la construcción de una sociedad más igualitaria pasa, entre otras cosas, por herramientas tan eficaces como la manera en la que nombramos las cosas. Una de las características inherentes a una lengua es que está viva y que se va transformando gracias a la colaboración de sus hablantes y las entidades reguladoras. Por esta razón, son muchas las personas, figuras reconocidas, empresas o instituciones que están empleando numerosas alternativas para incorporar la igualdad y la diversidad a su lenguaje diario.

Las instituciones de la lengua, como la Real Academia Española (RAE) en el caso de España, se encargan de la regularización lingüística. En el caso particular del español, la RAE determina que el masculino plural es el género no marcado y, por ende, inclusivo. A pesar de esto, sí admite desdoblamientos y algunas modificaciones que veremos a continuación.

Recursos utilizados en la historia

A lo largo de las décadas, el español ha empleado una serie de herramientas con las que englobar lo masculino y femenino que a día de hoy se mantienen y que están recogidas por la RAE. Así, los hablantes han ido desarrollando su vocabulario y atajos expresivos para adaptarse a las circunstancias, puesto que el género neutro de las palabras no existe en nuestro idioma de manera exclusiva. Algunos ejemplos son:

  • El masculino genérico.- Se refiere al uso del masculino como marco neutral para aludir a conjuntos de hombres y mujeres. Por esta razón, encontramos expresiones como “los madrileños”, “los estudiantes” o “los familiares” que no designan exclusivamente a los hombres, sino que, por el contexto en el que se inscriben, se sobreentiende que nombran tanto a hombres como mujeres
  • Desdoblamiento.- Este recurso hace referencia a la distinción de género (“españoles y españolas”, “niños y niñas”). Esta es unamanera de respetar ambas partes que despierta diferentes opiniones entre los hablantes, dado que, según los expertos, el lenguaje tiende a la economía y esta fórmula supone duplicar todos los sustantivos que incluyan hombres y mujeres
  • Las profesiones, un caso curioso.- Durante mucho tiempo, ha habido ciertas palabras relativas al mundo laboral que se han mantenido solo en masculino por ser profesiones tradicionalmente consideradas “para hombres” como general o gobernador. Tal es así, que el único uso que se le daba a estas palabras en femenino era para designar a la esposa del profesional, un significado que aún se recogen en el diccionario como es el caso de la última acepción de jueza. Hoy día, estas expresiones han caído en desuso y se recomienda emplear la variación en femenino para referirse a una mujer que ocupa un cargo (“presidente/presidenta”)

Algunas alternativas de lenguaje inclusivo propuestas por los hablantes

Los tiempos cambian y el lenguaje se transforma. Aunque ninguna de ellas está reconocida en las instituciones de la lengua, poco a poco encontramos nuevas alternativas que empiezan a cobrar fuerza para nombrar a los conjuntos mixtos propuestas por los propios hablantes:

  • Uso de la -@.- Heredera de la era digital, esta fórmula para designar sustituye la variante de género por el símbolo “@”, que gráficamente puede parecer una simbiosis de las letras “a” y “o” al mismo tiempo. Se emplea en la escritura, pero no puede trasladarse al lenguaje hablado
  • Sustitución del componente de género por “x”.- Muy popular entre los jóvenes y especialmente notorio en redes sociales. Propone eliminar las terminaciones de género cambiándolas por una “x” (“lxs trabajadorxs”). Al igual que en el caso anterior, es un ejemplo que sirve para el lenguaje escrito, pero que no tiene traducción al oral ante la imposibilidad de pronunciarlo
  • El género neutro en -e.- Dado que nuestro idioma establece la diferenciación de género con la terminación -a o con la -o, muchos hablantes utilizan un tercer género no recogido por las instituciones de la lengua que busca expresar la neutralidad empleando una -e (“les compañeres”). Esta fórmula abarca un espectro de identidades de género más amplio y diverso con las que muchas personas que no se sienten representadas con los géneros tradicionales tienen más facilidad para identificarse, como el caso de los colectivos no binarios
  • Femenino genérico.- Este recurso emplea el mismo principio que el masculino genérico, pero sustituyéndolo por el femenino. Así, expresiones como “bienvenidas a todas” se convierten según este paradigma en una manera de englobar a un colectivo mixto. Un ejemplo llamativo en los últimos años de lenguaje inclusivo fue el cambio de nombre del partido político Podemos a Unidas Podemos usando esta alternativa.

lenguaje inclusivo

Consejos prácticos para emplear el lenguaje inclusivo

Si deseamos implementar el lenguaje inclusivo en nuestro día a día respetando las normas de la Real Academia Española, aquí podemos encontrar algunos recursos interesantes:

  • Sustantivos sustitutivos.- El español es una lengua muy rica y permite englobar al masculino y el femenino con nombres colectivos. (“los profesores y profesoras = el profesorado”). Asimismo, los sustantivos abstractos suponen una herramienta útil como sustitución (“los alcaldes de Andalucía = las alcaldías andaluzas”). También ocurre esto con los nombres epicenos, aquellos que incluyen a ambos géneros gramaticales (“los fallecidos y fallecidas = las víctimas mortales” o “los ancianos y ancianas = las personas mayores”).
  • Evitar expresiones que incurran en estereotipos.- Las palabras importan, por lo que es fundamental revisar algunas expresiones hechas y rechazar asumir clichés si queremos ser más inclusivos en nuestro lenguaje (de “los médicos y enfermeras” al “equipo sanitario” o de “las señoras de la limpieza” al “personal de limpieza”).
  • Desdoblamiento y recursos tipográficos.- Como hemos mencionado anteriormente, utilizar la versión masculina y femenina de una palabra es una fórmula de inclusión muy empleada. En el caso del lenguaje escrito, se puede apostar por el uso de estrategias tipográficas que expliciten el género (“el/la tutor/tutora”, “eurodiputados(as)”).
  • Elipsis de sustantivo y/o sujeto.- Las formas verbales del español permiten que transformemos una oración con un sujeto concreto en una construcción impersonal, lo que resulta muy práctico a la hora de omitir marcas de género (“los inquilinos tendrán en cuenta el estado original de la propiedad” = “téngase en cuenta el estado original de la propiedad”). Asimismo, también podemos emplear esta técnica con el sustantivo en ciertas construcciones (“película recomendada para niños menores de 12 años” = “recomendada para menores de 12 años”).

La virtud de un buen hablante se traduce en su facilidad para saber adaptarse al contexto comunicativo en el que está inmerso. En los tiempos que corren, el debate del lenguaje inclusivo se hace cada día más presente y está en los hablantes tender los puentes para un cambio para que entidades como la RAE recojan estos usos. Como en todos los debates sobre la metamorfosis en la lengua, la solución se equilibra desde las dos vertientes: la sociedad a través de sus hablantes hace evolucionar el lenguaje con su uso diario y las instituciones lingüísticas impulsan cambios para perfilar más las realidades designadas en coherencia con su tiempo.

 

Pablo Rodríguez

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